Durante muchos años de mi vida estuve convencido de que o bien nacías inteligente o bien nacías tonto.
Me había convencido desde pequeño que era así. Si te iba bien o mal en la escuela dependía de algo innato. De un don genético o hasta espiritual.
Qué equivocado estaba.
Gracias a que encontré libros maravillosos pude mudar de idea. Entendí que el cerebro cambia permanentemente gracias a algo llamado plasticidad.
Supe que las neuronas aún seguían creándose a través de un proceso llamado neurogénesis.
Aprendí la importancia del sueño en el proceso de consolidación de la memoria, el beneficio del ejercicio físico y qué alimentos son generosos con nuestra materia gris.
Pero sobre todo fue revelador descubrir que uno de los factores fundamentales para incrementar la inteligencia es la atención.
Sabiendo esto, hurgué en la web buscando herramientas y técnicas para mejorarla, para entrenarla. Probé varias. Y finalmente me quedé con aquellas que mejor me resultaron.
Y de todas, la joya de la corona es sin duda la técnica Pomodoro.
Supe que las neuronas aún seguían creándose a través de un proceso llamado neurogénesis.
Aprendí la importancia del sueño en el proceso de consolidación de la memoria, el beneficio del ejercicio físico y qué alimentos son generosos con nuestra materia gris.
Pero sobre todo fue revelador descubrir que uno de los factores fundamentales para incrementar la inteligencia es la atención.
Sabiendo esto, hurgué en la web buscando herramientas y técnicas para mejorarla, para entrenarla. Probé varias. Y finalmente me quedé con aquellas que mejor me resultaron.
Y de todas, la joya de la corona es sin duda la técnica Pomodoro.
Vengo usando esta técnica ya por cinco años. He sido testigo de los enormes beneficios que proporciona.
Gracias a ella he podido entrenar mi cerebro para que esté enfocado en el trabajo, ignorando al máximo las distracciones.
Gracias a ella he podido entrenar mi cerebro para que esté enfocado en el trabajo, ignorando al máximo las distracciones.
Sin embargo, en estos dos últimos años algo no andaba bien.
A pesar de usar el contador de 25 minutos, mi mente aullaba por recibir notificaciones de chats o emails incluso cuando tenía las notificaciones desactivadas.
Algo raro estaba pasando. Tenía que descubrir qué.
Algo raro estaba pasando. Tenía que descubrir qué.
Así que miré en retrospectiva y recordé que durante los primeros meses que usé Pomodoro, en los lapsos de descanso, llegaban a mi mente como relámpago las interpretaciones de los conceptos que estaba estudiando.
O soluciones alternativas a los problemas con el código que tenía entre manos. Luego descubrí que esos chispazos de lucidez son gracias al uso del modo difuso de la mente.
Lo supe gracias a Barbara Oakley.
Lo supe gracias a Barbara Oakley.
Sin embargo, ahora ya no tenías más esas ideas durante el periodo de descanso. Y también me costaba más retornar al nuevo ciclo de trabajo de 25 minutos.
Fue complicado entender por qué pasaba esto.
Hasta que descubrí la causa: en los cinco minutos de pausa navegaba por redes sociales y webs de noticias.
Eso provocaba que sienta un fuerte enganche a seguir buscando información nueva y que sea difícil apartarme de ese banquete de distracciones. Era eso.
Utilizaba el tiempo de reposo para alimentar mi necesidad de distracción.
Luego de entender que mi dificultad en concentrarme cuando usaba la técnica Pomodoro tenía que ver con el mal uso del lapso de descanso, supe apenas hace unos meses que había otro culpable.
Y ese culpable que saboteaba mis planes de trabajar de forma concentrada estaba todo el tiempo frente a mí: era mi celular.
Encontré un artículo revelador que relataba el efecto negativo en la concentration y la productividad el hecho de tener el celular a la vista.
El solo tener el celular frente a mí hace que me distraiga más. Que pierda la concentración.
Usando esta nueva información, retrocedí una vez más en el tiempo y miré con detenimiento cómo eran mis primeros días con la técnica Pomodoro.
En aquellos años usaba un celular que poco tenía de smart.
En aquellos años usaba un celular que poco tenía de smart.
El contador de los minutos de trabajo era tan sencillo como práctico. Y ya que la aplicación Pomodoro se cerraba si salía de ella, la tenía siempre abierta y no entraba a ninguna web ni red social.
Por eso, en los descansos, en lugar de navegar por el mar de novedades que ofrece una conexión wifi, caminaba por el laboratorio.
Bingo. Lo entendí.
Bingo. Lo entendí.
Esa forma de desconectarme de la tarea que estaba realizando era la clave para que lleguen los relámpagos de ideas. Y también, al no entrar en ninguna red social o web de noticias, regresar al pomodoro de 25 minutos era relativamente fácil.
Por eso decidí dejar de usar la aplicación de Pomodoro en mi celular. La desinstalé.
Ahora el aparto móvil pasa la mayor parte del tiempo en un oscuro cajón, con la conexión wifi apagada.
Ahora el aparto móvil pasa la mayor parte del tiempo en un oscuro cajón, con la conexión wifi apagada.
Utilizo en su lugar un reloj Casio de $20. Lo programo con el timer de 25 minutos y durante el intervalo de descanso uso un contador web o apenas calculo en los cinco minutos de descanso a mano.
Resultado: mi concentración se está civilizando otra vez.
Fin de la historia.

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