Los mensajes subliminales

Si me preguntas por lo que más recuerdo del colegio te diría sin dudarlo que son aquellas peculiares asambleas con las orientadoras del bachillerato.

Esas reuniones forzadas a menudo empezaban con juegos inocentes destinados a integrar y desinhibir al grupo.

Luego, citando alguna parábola del Nuevo Testamento, las orientadoras compartían una espontánea e improvisada serie de consejos.

O mejor aún, lecciones de vida sacadas de alguna experiencia personal de superación. Unas más inverosímiles que otras.

A continuación, proyectaban vídeos religiosos adobados con mensajes morales.

El más popular de estos vídeos trató sobre el gravísimo pecado de las relaciones prematrimoniales. Ah, el rico sexo.

Pero el más espectacular fue, sin duda alguna, aquel vídeo que delató la estrechísima relación entre la música rock con el satanismo, el consumo de drogas, la promiscuidad (otra vez el sexo) y los mensajes subliminales.

Bandas como Led Zeppelin, Nirvana y hasta los inofensivos The Doors del finado Jaime Morrison fueron juzgadas frente a la irrefutable prueba del audio invertido.

Recuerdo, por ejemplo, que una canción como “Stairway to heaven” contenía el siguiente mensaje satanista cuando el audio se escuchaba al revés:

“Oh here’s my sweet Satan. The one whose little path would make me sad, whose power is Satan. He’ll give those with him 666, there was a little toolshed where he made us suffer, sad satan”

El audio invertido no dejaba lugar a dudas: el rock es la música de Satanás.

Y el mensaje de fondo: si escuchas rock con certeza te irás al infierno, usas drogas y Dios te castigará por blasfemo.

Pero había más. La mejor parte fue cuando, sin necesidad ya de invertir el audio, interpretaron de forma casi literal la letra (mal traducida) de las canciones en inglés.

Frases inofensivas fueron convertidas en verdaderas alegorías a Luzbel y compañía.

Y como por aquellos tiempos escuchaba con frecuencia heavy metal y me vestía de negro fui el centro de una incómoda atención que nunca he buscado.

Por eso no pocas miradas se anclaron en mí ese día de la jornada para sacar a flote mi inherente timidez y hacer naufragar mi autoestima.

Sabes, a veces intento ponerme en la cabeza de mis compañeros para verme como frente a un espejo que refleja el prejuicio por todo aquello que dicen sobre el rock.

Y termino pensando que tal vez varios de ellos seguramente me tenían como un pupilo de Satán, sacrificador de animales, bebedor de sangre y que quizá, alejado de Dios, perseguido por merecidas desgracias, le vaya mal en la vida.

Porque si algo dejó claro esas jornadas es que solo siguiendo los pasos de Cristo llegarías a ser feliz en la vida. Silly stuff!

Jornadas con vídeos así solo podrían ocurrir en una ciudad católica como la mía. O quizá en cualquier lugar donde adolescentes están en manos de orientadoras poco actualizadas y que arañan el fanatismo religioso.

Pero si lo veo desde otra perspectiva, tal vez ellas estaban compartiendo algo que creían era útil para nosotros. Así que todo bien si proyectaron ese sesgado vídeo con esa intención. Satán las perdona.

Al final solo asustaros a los menos prevenidos.

Diez años después de esa jornada colegial con aquel documental sobre la música rock tuve un encuentro fortuito y fugaz con una compañera de aquel curso.

Ya con la complicidad de los años me contó (entre risas) que a partir de ese vídeo otros compañeros llegaron a tener miedo de mí (?).

Terminé visto como un demonio recién salido del averno por mi gusto insano por el heavy metal.

Pero, quizá, no estaban tan equivocados.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...