Instrumentos para las pasiones

Nuestros instrumentos de escritura participan en la formación de nuestros pensamientos
Nietzsche.

Estaba rezando devotamente en la pequeña iglesia del barrio en mitad de la misa de domingo.

Y de repente notaba un frío incómodo en las piernas. Mirando hacia abajo descubría con espanto que estaba sin pantalón.

Lo curioso es que nadie se fijaba en mí. Parecía un fantasma impudoroso en medio de la muchedumbre. Era una pesadilla.

Al despertar de súbito, un lento alivio me reconfortaba.

Ese mal sueño se repitió en varias ocasiones, pero en diferentes e escenarios. En la vergonzosa escena deseaba tanto tener algo con que taparme, pero nunca había nada.

Pero gracias a esas escenas de pesadilla reconocí que hay prendas que son indispensables. Podría estar sin camisa o sin zapatos. Pero sin pantalón, la situación cambia.

Pasaron años hasta volver a tener un sueño como ese. Curiosamente fue la noche previa a mi primera y única carrera oficial... 

Fue la primera vez que corrí media maratón hace ya seis años. Salí de la línea de partida ataviado con una larga camisa y unas zapatillas deportivas fabricadas en la China de apenas $15 el par.

La pantaloneta apretaba más abajo de la cintura y se iba cayendo cada doscientos metros. Fue una carrera afanosa, con una llegada tardía y dolorida.

Aquel día el cielo estaba nublado y el calor asfixiaba. Literalmente podría decir que Campinas era un horno enorme conmigo encerrado, sintiéndome como si estuviera envuelto en celofán.

Mis delgados brazos fueron cambiando de color hasta ponerse rojos como nariz de payaso. Al quitarme el reloj, una franja blanquísima resaltaba en mi huesuda muñeca.

Sin embargo, a partir de esa experiencia empecé a ejercitarme regularmente.

Cuando llegué a correr con frecuencia entendí la importancia de los accesorios deportivos. Descubrí que vale la pena invertir en una buena camisa que drene el sudor y unas zapatillas que amortigüen las azarosas pisadas.

Cronómetro de muñeca. Y un buen estiramiento antes de empezar. En sus marcas, listos, bum!

La misma rutina me enseñó que la ropa debe ser, inclusive, de ciertos colores. Naranja o verde neón se ven cool, motivantes. Nada oscuro si es de noche o si hay mosquitos avezados. Y calcetines sin costura, para comodidad del maltratado pie.

Así como la vestimenta para correr es factor clave para un buen rendimiento, lo es también el material de trabajo. En mi caso particular, papel y bolígrafo.


Cómo me hubiera gustado haberlo sabido antes. Conocer que para estudiar de forma efectiva era necesario escribir, garabatear en papel y anotar los conceptos. Escribir, escribir y escribir.

He escrito cientos de hojas en cuadernos, libretas y agendas. He agotado decenas de esferos. Las minas 2B de grafito duran poquísimas semanas.

Por eso, por tanto escribir a mano, valoro la calidad del papel y la precisión del bolígrafo.


Si escribo en un papel de mala calidad o si la pluma chorrea la tinta, me pongo de mal humor.

Por eso, lo que se ama hacer, tiene que ser hecho con buenos instrumentos. 

Pero no soy así en todo lo que sea material como ropa formal, zapatos casuales o laptops. Nada de eso es prioritario ni me merece mucha atención si es tal o cual marca.

He llegado a comprar la ropa y los zapatos del trabajo apenas en promociones. Jamás con precios regulares. 

No tengo certeza si volveré a soñar aquel indecoroso sueño. Ahora casi ni tengo sueños por las noches, y si alguno asoma, es tan trivial y monótono que al rato se me olvida.

Lo que sí sería una pesadilla, una tragedia imaginada, sería ver mis atesorados apuntes en hojas baratas. Casi apostaría que nunca soñaré algo así.

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