Hay varias razones para prestar mucho ojo a las rutinas. La principal es todo aquel tiempo que consigo ahorrar. Horas a mi favor. Economizan energía, porque no debo decidir en si debo hacer tal o cual cosa. Todo lo realizo sin pensar demasiado.
Un hábito que valoro -y mucho- es apagar la conexión wi-fi mientras trabajo. Evito casi al 100% las interrupciones y el enfoque es total en la tarea que traigo entre manos.
Porque cuando quiero entender algún concepto y atiendo una notificación del celular, echo al traste todo ese esfuerzo en retener esa información.
Es como derribar un castillo de naipes cuidadosamente elaborado.
Porque cuando quiero entender algún concepto y atiendo una notificación del celular, echo al traste todo ese esfuerzo en retener esa información.
Es como derribar un castillo de naipes cuidadosamente elaborado.
Durante las horas de oficina es fácil desconectar todas las notificaciones, aunque costó muchísimo lograrlo. Las aplicaciones web del celular son diseñadas para llamar nuestra atención tanto como sea posible. Ese es su negocio.
Hasta parece que nos presionan a buscar cada vez más y más información fresca. Volver adictivo lo novedoso llegó a ser bastante lucrativo.
Hasta parece que nos presionan a buscar cada vez más y más información fresca. Volver adictivo lo novedoso llegó a ser bastante lucrativo.
En los minutos previos a dormir, como hacen muchos, dedicaba esos últimos instantes a navegar por tal o cual web. Twitter, Youtube y páginas de noticias, yendo y volviendo por todas ellas. Luego, a pernoctar con esa inquietud de si había algo nuevo aún por revisar.
Era como estar atento al zumbido de un mosquito en la habitación. Pero ese zumbido estaba el alguna parte de mi cabeza.
Leyendo la BBC di con un artículo sobre las consecuencia de pasar frente a una pantalla antes de dormir. En resumen, terminamos descansando mal. Eso no es buen negocio si mi tarea es trabajar bien al día siguiente.
Otro problema de tener el celular en el velador es la randómica llegada de notificaciones. Algunas son silenciosas, pero otras producen vibraciones o sonidos en el dispositivo. Y ahora unas cuantas encienden perniciosamente el led frontal.
Tenía que idear una forma de evitar el celular antes de dormir.
Pensé en aplicar el hábito de apagar el wi-fi antes de ir a la cama. Ayudó mucho establecer un toque de queda con una alarma. Suena justo a las 21:30 y sea lo que sea que esté viendo en el celular, presiono el off de la conexión. Bye bye World Wide Web.
Es inevitable notar casi de inmediato una sensación de angustia digital. Es como esperar una visita que está demorando en llegar.
Pero tenía que decidir entre descansar bien y tener energía al día siguiente o alimentar mi malcriada curiosidad por boberías y despertar cansado.
Menos mal lo primero ganó la batalla.
Pero tenía que decidir entre descansar bien y tener energía al día siguiente o alimentar mi malcriada curiosidad por boberías y despertar cansado.
Menos mal lo primero ganó la batalla.

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