Una defensa de tesis y una pregunta fallida

Si de mí dependiera que un estudiante haga una tesis para graduarse, hace rato hubiera eliminado ese requisito.

La tesis, ahora llamada trabajo de titulación, es un informe escrito de una tarea específica que el futuro ingeniero desarrolló. Este trabajo es sometido a una defensa pública y aprobado por un atento jurado. Luego vienen las fotos, brindis, discursos, lágrimas y, si hay suerte, unos sabrosos y condimentados bocaditos. Yumi.

El informe final quedará impreso en la biblioteca y publicado en la web. Y probablemente nunca jamás vuelva a ser leído

El objetivo de este trabajo es simple: que el estudiante demuestre las habilidades aprendidas en los cinco años de formación de pregrado. Para ello dispone de varios meses, tutorías, laboratorios y revisiones. 

He llegado a varias conclusiones de los trabajos que ya revisé. Una es que la habilidad de redacción del estudiante es bastante pobre. Y no es de extrañar, porque la formación en crear textos concisos nunca ha sido una preocupación del sistema educativo. O como dijo un despabilado estudiante: "ni los profesores saben escribir". (¿Será porque no leemos lo suficiente?)

La habilidad para escribir un texto científico no viene de la cuna. Se aprende escribiendo, pero siguiendo ciertas reglas que están en decenas de manuales en la web. Google más un poco de curiosidad genera milagros.

He visto también la capacidad del estudiante para realizar un proyecto. La mayoría de trabajos de fin de titulación son bastante talentosos y creativos. Es una pena que muchas veces el mercado laboral no aproveche todo ese ingenio o sea mal remunerado.

Pero si de mí dependiera, repito, no pediría una tesis para la graduación de un estudiante. Siempre y cuando se dé lo siguiente: que la calidad de los trabajos que hizo durante sus cinco años de formación en ingeniería hayan sido corregidos y evaluados de forma minuciosa.

Sin embargo, esa realidad que yo quisiera no pasará en un corto ni mediano plazo. Poquísimos trabajos son devueltos con correcciones que ayuden al pupilo a mejorar su desempeño y habilidad.

Así que con un poco de paciencia y bolígrafo rojo en mano entro a quemarropa a corregir el texto del informe de tesis. Felizmente tengo la certeza de que luego de mi revisión la calidad del manuscrito será mucho mejor.

**

Y ya que he estado en algunas pocas bancas revisoras, vale la pena recordar un evento singular.

Durante una exposición, el ya casi ingeniero erró brutalmente en un concepto básico. En la ronda de preguntas le pedí una aclaración de ese tema particular, sin caer en cuestionamientos ni críticas. Con una total convicción repitió el concepto terriblemente mal.

El énfasis que puso en la respuesta fue tal que mis colegas de la banca estuvieron a punto de pararse y aplaudir. Yo sabía que decía una falsedad y que defendía algo completamente equivocado, pues el tema en particular fue el tópico principal de mi tesis de posgrado. Yo estaba seguro de que iba la cosa.

Luego, en el breve instante que hay entre el final de la respuesta y la siguiente pregunta, vacilé en qué hacer. Dudaba entre aclarar el tema y hacerle caer en cuenta de su error o callar y dejar pasar el asunto.

En esos pocos segundos decidí finalmente omitir mi comentario. La razón fue que quizá en un momento posterior se lo podría explicar. Así no aumentaría más los nervios de los atentos padres y familiares que estaban entre el poco público presente.

Hasta ahora pienso en aquella defensa de esa mañana de 2014. Y a veces sigo haciéndome la pregunta: ¿debí hablar o fue correcto callar? Buscar la respuesta no tiene sentido. Pasará a mi historia personal como una defensa de tesis más y una pregunta fallida.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...