El aula de al lado

Asistí cada jueves por la tarde al aula 321 del edificio tres, piso dos. Lo atractivo de ese espacio es la iluminación que va tomando cuando cae la tarde. El sol entra ligero por las ventanas y alumbra tenuemente el atril del salón. Un mosaico luminoso.

La belleza de ese espacio y la camaradería de mis estudiantes contrastaba con los vecinos del aula de al lado. Su clase debía comenzar a las 16 horas, pero casi siempre se marchaban en estruendosa algarabía porque su profesor no llegaba.

En el mirador cerca de la universidad los encontraba al final de la tarde. Es fácil imaginar qué era lo que estaban bebiendo.

Una tarde la curiosidad me llevó a fijarme en el horario de esa aula contigua. Descubrí que se trataba de una clase de ética periodística o algo parecido. Fue inevitable recordar mi clase de comunicación social de hace nueve años atrás...

Por aquel entonces fue obligatorio aprobar materias en otras carreras. La variedad de cursos era llamativa y un imperdonable descuido nos llevó a mí y a otros compañeros a registrarnos en una asignatura de periodismo. La expectativa no duró más de una semana.

El gentil profesor llegaba siempre tarde trayendo entre manos unas impresiones de la wikipedia que mal leía a manera de clase. Tan fácil era notar su poquísima preparación que fue cuestión de minutos que alguien alzara la mano y dijera la frase que marcó el resto del curso: “Licenciado, ¿podemos mejor comentar sobre las noticias de la actualidad?

No es necesario una imaginación precoz para adivinar de que fue todo ese curso.

**

Cierta noche de verano revisé un par de diarios en la web. La misma noticia estaba redactada de forma tendenciosa. Abrí el tercer diario y la nota periodística del mismo evento aparecía con otro matiz. En pocas palabras: alguno estaba mintiendo descaradamente. O todos a la vez.


Como no fui testigo presencial del evento relatado en la crónica, me haré una idea del asunto por el reporte del periodista. Pero si la crónica es tendenciosa, mañosa y sesgada políticamente, ¿por qué debo confiar mi tiempo a ese diario? 

Sin embargo...

Reconozco que el periodista es un profesional como cualquier otro. Cometerá errores de vez en cuando. O quizá se vea obligado a seguir la línea editorial del dueño del medio para mantener su empleo. Pero que día tras día el mismo periodista se disfrace de independiente, siendo un político disimulado, simplemente no le leo y punto. Que Juanito siga a solas avisando que viene la zorra.

Pero muchas personas creerán como verdad absoluta cada titular, cada reportaje. Y otras tantas guiarán sus opiniones apenas por el resumen, por la portada. Luego, emitirán variopintos criterios a favor o en total oposición al evento reportado y a los protagonistas involucrados. 

¿Dónde, cómo y cuándo se les murió el escepticismo? 

Cierro el navegador y me voy a la cama sospechando que ese tipo de periodismo que huele mal fue escrito por mis ex compañeros de aquel improvisado curso. Y con certeza también por aquellos estudiantes del aula de al lado.



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