Correr bajo las cuatro estaciones

La primera vez que salí a correr fue en Brasil. Era un soleado domingo de otoño. Tenía 28 años.

El lugar que me esperaba era verde y alegrador. En la inmediación de una laguna gris había una pista de casi kilómetro y medio de perímetro. 

Y mucha gente corriendo por ahí, esquivando patos violentos y mirando clandestinamente cuerpos ajenos.

Inicié mi penosa carrera luego de un estiramiento improvisado. En la marcha iba parando de vez en cuando, bebiendo agua donde más podía y respirando ahogado de calor. 

Completé apenas dos vueltas agotado, adolorido y quemado por un sol conspirador.

Once meses después empecé a correr por las noches. Lo hice durante nueve meses, tres días por semana, casi seis kilómetros cada vez. No bajé ni un solo quilo, pero al menos supe que podía llegar a ser constante en algo.

Quizá hubiera tenido un mejor rendimiento si también me cuidaba en lo que comía. Eran días de redacción de tesis, así que la comida fue un malsano consuelo contra ese inevitable y apocalíptico estrés.

Cuando volví a Ecuador en el 2013 intenté seguir con el mismo ritmo de carrera. Pero en Loja las pistas para correr son muy semejantes a como me imagino la superficie de Marte: una desgracia.

Y tiene sentido que sean así de malas, porque no es costumbre nuestra hacer ejercicio. Tal vez unos pocos, pero una minoría al fin. 

Sin embargo encontré una solución parcial: usar una máquina para correr.

No fue precisamente una máquina de esas con cinta rodante, pero sí una semejante. El resultado terminó siendo muy lejano de lo que quería, pero al menos podía hacer algo de ejercicio aeróbico. 

Y subido en esa máquina pasé tres años. Entre las 5:00 y 5:30 de la mañana de lunes a viernes. Esto es algo de lo que me siento orgulloso solo cuando la segunda cerveza hace su efecto.

En el 2017 emigré otra vez. Y tuve la fortuna de morar cerca de una pista maravillosa.

Es un viejo canal que me recuerda aquella laguna paulista. Es como un déjà vu, pero sin patos violentos.


A diferencia de mis primeras carreras esta vez salgo mejor preparado. Ropa apropiada, zapatos deportivos suaves, un GPS para contar los kilómetros y la velocidad, spotify, protector solar y una gorra para menguar la luz del sol.


Al inicio corría casi cinco kilómetros, pero ahora he llegado a los siete y medio. Parece mentira, pero así es como es.

He corrido a 44 grados bajo el sol y a -12 grados por la nieve, pisando hojas secas en otoño y a veces la lluvia de primavera aparece a medio camino, emboscando con gotas veloces que siempre caen inclinadas.

He corrido bajo el cielo de las cuatro estaciones. Albricias, Vivaldi. 

Me han pasado cosas curiosas durante esas tardes que voy al canal. Casi me ha impactado una bicicleta fantasma, personas desconocidas saludan, se han cruzado en el camino mascotas despistadas mientras voy a toda marcha, me ha ladrado un crápula racista y a menudo un fuerte olor a cannabis asalta el ambiente.


También es poco común encontrar las mismas caras. Parece que toda la gente es nueva de un día para otro.

Llevo la música de siempre en Spotify. Un repertorio ecléctico me ensordece a lo largo del trayecto.

Pero en este último mes he usado Audible. 

En esta aplicación para audiolibros puedo reproducir el texto de un libro que tenga en la Kindle. Así es más fácil entender y recordar lo que leo.

Por lo general un audiolibro dura entre ocho y nueve horas. Es decir, si en promedio todo el recorrido en ir y volver de correr dura una hora, idealmente demoraría un par de semanas en reproducir todo un libro. 

Y al mes sería como leer (escuchar) dos libros. Lo cual, sacando números, daría 24 libros por año. Nada mal.

Usando google es fácil dar con los beneficios y consejos para correr. Aquí los míos, basados en mi apacible experiencia:

  • Ayuda a bajar de peso, siempre y cuando también uno se cuide en la comida. Esta sería mi proporción: 15% correr y 85% dieta.
  • Levanta el ánimo. Cuando termina la carrera aparece una sensación de satisfacción que le hace sombra a la desdicha.
  • Mejora la memoria. Hay decenas de estudios que demuestran como el ejercicio ayuda al nacimiento de nuevas neuronas en el hipocampo, la parte del cerebro dedicada a la memoria de corto plazo.
  • Vale usar el fin de semana como descanso. El cuerpo agradece el reposo.
  • Me ha revelado lo obvio: si físicamente se puede crecer en resistencia, igual lo puede hacer el cerebro. Entre más se lo use, más se lo rete, más aumenta el rendimiento. 
  • Han sido frecuentes las lesiones en rodillas y tobillos. Pero son lesiones que desaparecen con el tiempo, aliviadas con un par de antiinflamatorios y reposo.
Aquí unas postales:

El día que tomé esa foto había completado en 44 minutos los casi 5 kilómetros que en verano recorría en 30 minutos. Tuve que correr despacio por lo resbaloso y frágil de la nieve. Nieve que se vuelve celeste de tanto mirarla:


Orange is the new black:


Lo interesante de esta foto es que muestra todo lo que esta ciudad significa para mí: el pequeño departamento, mi laboratorio sin ventanas y los 8 kilómetros de pista alrededor del canal:


En el momento que tomé esta última foto la sensación térmica era de 44 grados:

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