La sospecha de un adiós



Quiso despedirse en la estación. Buscó su cartera para sacar un cigarrillo. Aprendió a fumar en las noches de guardia del servicio militar, impuesto por aquel dictador que nadie quiere recordar.

Natalia modela frente al espejo, ajusta su sombrero y sonríe mientras se despide de su gato con una caricia. Busca sus llaves, las que abren el seguro de sus dos puertas y su estante repleto de tarjetas, fotografías y cartas que nunca le envió. 

Sale e imagina que todo estará bien, que él pronto volverá.

Natalia piensa de repente que su despedida será un adiós sin retorno. Enciende otro cigarrillo y empieza a llorar. A esconder sus lágrimas no aprendió nunca. Camina lento a través del bosque para llegar a la estación. Es hora del último beso.

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