Tenis de mesa al mediodía

Nunca me gustaron del todo los deportes. Mucho menos los de contacto. Siempre fui mal jugador. Pero cuando era niño corría veloz tras el balón en la cancha del barrio con amigos cercanos, no tanto por competir sino por pasar el tiempo. Lo hacía sin pensar en beneficios para esa salud inquebrantable que respiraba en mi niñez. Solo jugaba para entretenerme.

Hasta que fueron pasando los años y los amigos del barrio tomaron cada uno su rumbo. Y el juego nunca volvió a empezar, al menos por años. Así dio inicio mi larga etapa de vida sedentaria.

De vez en cuando el único ejercicio que realizaba era subir caminando a casa, pero solo ciertos fines de semana. El resto de días no hacía más cardio que llevar el tenedor del plato a la boca.

Como evidente resultado subí de peso y una panza inexorable llegó para quedarse. A pesar de eso, la imagen cada vez más redonda que me devolvía el espejo y los remotos riesgos del sobrepeso me eran indiferentes.

Un día de octubre de 2012 salí a correr por las noches y no he parado desde entonces. El motivo detrás de ese atlético interés no lo tenía claro. Quizá no era tanto por buscar un beneficio para la salud, sino para competir menos penosamente en el futuro.

Meses atrás a esa fecha había participado en una media maratón en la cual terminé muy rezagado y mi ego aún estaba en terapia intensiva.

Tres años después, en 2015, competí por casualidad en un pequeño torneo de tenis de mesa. Igual que la media maratón, mi resultado final cayó hasta el fondo de la tabla. Pero me quedé enganchado a ese deporte y unos pocos meses después me compré una mesa de ping pong con el dinero ahorrado de varios salarios.

Con el tiempo y con práctica más o menos constante llegué a dominar los remates y devolver con agilidad la pelota naranja al otro lado de la cancha. He llegado a jugar en promedio de dos a tres horas por fin de semana, no tanto por carencia de tiempo sino por falta de rival.

En ese entrenamiento amateur sentía en cada movimiento una mejora progresiva. Hasta que llegó el día del campeonato con los estudiantes y mi trébol de cuatro hojas feneció.

Me inscribieron unos alumnos geniales a los que acompañé en varias asignaturas en la universidad. Ellos también eran asiduos jugadores y estaba pendiente una competencia conjunta. El campeonato estudiantil era la mejor opción para medir habilidades y de paso soñar con llegar, por fin, a una instancia final.

El día del todos contra todos llegó. En una hora poco habitual para mí, asistí al coliseo cerrado para demostrar mis habilidades adquiridas. Había público suficiente en la platea como para amedrentar a cualquier infiltrado como yo.

Me correspondió el partido inicial contra un antiguo estudiante. En el primer encuentro me favoreció la luz que no se reflejaba en la mesa, pero en el segundo match marché afanosamente. Al final perdí con las justas, pero perdí.

El resto de partidos corrí con peor suerte. Maldita bola que se iba fuera de la mesa en mis remates y rebotaba endiablada en mi lado de la mesa. Perdí tan rápido que apenas sudé unas gotas y devolvía la raqueta nada más se calentaba en mi mano.

Sin embargo, y esto es genial que haya pasado, noté que se creó un enlace fraternal con cada estudiante que competí. Antes de cada partido ellos eran ambiguos recuerdos de aula y exámenes, pero luego de tics tacs de la esfera naranja en la mesa azul, terminamos siendo cercanos y más iguales.

Y ahí pensé: si estos encuentros deportivos entre profesores y estudiantes se realizaran con mayor frecuencia, es casi seguro que habría una mejorada confraternidad en el aula. Y mejores resultados académicos.

Pero falta mucho tiempo para que algo así suceda. Pena que no me di cuenta antes.

1 comentario:

  1. Tiene razón en lo que afirma Ingeniero, eventuales encuentros deportivos entre docentes y estudiantes marcaría un logro significativo en el rendimiento académico en las aulas. Por otro lado el nivel que tienen algunos compañeros en tenis de mesa es impresionante, y es una motivación más para mejorar para el próximo campeonato.
    La directiva de la titulación está organizando un torneo de videojuegos (FIFA y LOL), sería una propuesta interesante que a la par existan torneos de ajedrez, o concursos de proyectos de ingeniería, dibujo, pintura, oratoria, etc..

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