El problema con la lectura

¿No les ha pasado que al ver una película por segunda vez agarran más detalles de la trama?

La misma percepción me sucede con los libros. Leídos varias veces, he descubierto ideas interesantes que me sorprendo de haberlas dejado escapar la primera vez. Claro, los libros que se leen de nuevo son los que interesan por su contenido y forma. O los que estamos obligados a leer.

Clasifico la tarea de leer en dos clases. La primera es la lectura de textos técnicos. Es decir, aquellos que tienen que ver con la profesión. O si eres estudiante, con la carrera que debes culminar. 

Habrá en el camino de este tipo de lectura oscuras ecuaciones, detalladas gráficas, tablas y teoremas. Por ser lecturas que todo el tiempo hacen referencia a ideas previas es preferible tener el libro impreso. Así es mucho más sencillo explorar su contenido.

Cuando leo un libro técnico tengo a la mano siempre lápiz y papel. O mejor dicho una pluma de punta suave. Cuando tomar nota es tarea cotidiana, la calidad de la tinta importa mucho. Quizá sea vanidad, pero es así.

Además, siempre que tomo nota, retengo con mayor facilidad.

Cuando tengo un texto técnico en mis manos estoy seguro que tendré que leerlo una y otra vez. La primera lectura me deja la sensación de estar completamente extraviado. Pero ahora entiendo que eso le pasa a todos y me pasará siempre. Es un alivio saber que es un paso inevitable. Es el peaje que se paga para mantenerse en la ruta hacia la comprensión los conceptos. 

Más allá de la misma lectura de ese tipo de texto, para mi caso particular, el significado de las ideas y conceptos proviene de la resolución de ejercicios y problemas propuestos. Así como una imagen vale más que mil palabras, una ecuación bien entendida y aplicada vale decenas de confusos párrafos. Ellas hablan fuerte y claro por sí mismas.

Una buena idea, cuando se lee estos libros matemáticos, es leer varios textos relacionados con el tema estudiado. Cuando una misma cosa se explica de diferente forma, es mucho más fácil entender el concepto. 

El segundo tipo de lectura es aquella relacionada con cuestiones literarias o de entretenimiento. Una novela, un cuento, un poema. Podría añadir también ciertos ensayos filosóficos y algunos libros de divulgación científica.

Puedo leer una novela sin tener que volver mucho a páginas anteriores. En algunas de ellas, he resuelto las dudas con el contexto de las escenas ulteriores. En otras he tenido que leer dos veces el texto para engancharme al detalle que se me pasó por alto. Retroceder sí, rendirse jamás.

Pero pocas veces he leído una novela más de dos veces. Sobre todo las policiacas, cuando el motivo de leer y leer fue llegar hasta el gran final. Y descubrir el apremiante misterio. En cambio, novelas como "El jardín de las dudas” las he disfrutado más de una vez con inusitado deleite. 

En la kindle, donde suelo leer la mayoría de novelas ahora, uso la opción de tomado de nota a través del sencillo deslizamiento de mi dedo por la pantalla. Compartir la idea resaltada en alguna red social es igual de fácil. Llevarlas a Evernote también.

Porque algo igual de importante que leer un libro, para ser aprovechado al máximo, es disponer de notas ordenadas y accesibles. He dicho ya varias veces que escribir agudiza la memoria. Y escribir en cuadernos de notas genera doble beneficio.

El primero, lo repito, anotar ayuda a recordar. El segundo, la información relevante es accesible. Y entre más accesible, mayor beneficio de lo leído.

En esta clase de lectura entran muchísimos títulos. La variedad en literatura es enorme y hay que agradecer que sea así. 

Borges decía que leer es una forma de felicidad y no se puede obligar a nadie a ser feliz. Por tanto, siguiendo el consejo de Prof. Pierluigi Piazzi, si un libro está aburrido no es mala idea dejarlo. Tal vez al principio exista la amarga sensación de estar cediendo a la pereza, pero quizá también estemos dejando pasar el tiempo para leer una novela o un cuento que realmente nos seduzca.

Ese abandono de un libro por parecerme tedioso lo he tenido con clásicos de la literatura. Hasta con best-sellers. En cambio, con títulos que han sido poco conocidos, he disfrutado muchísimo.

Por eso, si el libro está aburrido, lo cierras y abres otro. Haces eso hasta encontrar el libro que ha sido escrito para ti. Porque de los millones de libros que han sido publicados, uno de ellos fue hecho para que lo leas tú.

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