Las micro tareas.

Conocí el término procrastinación hace cuatro años. Leyendo un artículo sobre la productividad en la academia apareció varias veces esta nueva palabra. No explicaba su significado, pero el contexto daba una pista. Resultó ser que procrastinar era dejar tareas para después en lugar de hacerlas cuando debían ser hechas. Algo que venía haciendo desde siempre ahora tenía nombre. En la era digital de multitarea y constantes notificaciones-interrupciones la procrastinación germina por todo lado. Y conspiraba contra los objetivos laborales. En la web hay cientos de consejos para aliviarla, porque al final de cuentas procrastinamos siempre en algo. Así ese algo sea pequeño. Probé varios antídotos con variados resultados. GTD y Pomodoro han dado una solución aceptable a esta singular costumbre de dejar todo para última hora.

En los estudiantes se evidencia mucho esta tendencia. Pero en los que somos docentes también. En la sociedad misma. Nadie podría lanzar la primera piedra. Procrastinar es como estar a dieta y comerte una porción pequeña de dulce de leche cada hora. No se nota el goteo conspirador del dulce en la boca. Parece una golosina inocente hasta que luego de unas horas el frasco está vacío y la cintura ensanchada. Es lo mismo cuando dejamos la molesta tarea para la tarde. O para el día siguiente. Si es viernes, para el lunes. La consecuencia de esta costumbre es obvia: más estrés y menos trabajo bien hecho. Más estrés significa mala calidad de vida. 

La técnica GTD de David Allen es una herramienta vital para combatir este hábito. El problema es que cuando la lista se hace larga por tareas postergadas... da ganas de ni verla. Una variación de GTD son las micro tareas. Una idea sencilla pero poderosa. Observamos que una tarea en sí representa un conjunto de pasos. Hacemos otra lista con ese conjunto de pasos procurando que sean tan sencillos como coherentes. Por ejemplo, si la tarea es preparar esa clase del lunes por la mañana, una micro tarea sería poner el libro sobre la mesa, luego colocar los esferos y el papel. Ajustar la silla. Sentarse. Y así vienen los siguientes pasos. Cada uno pequeño y fácil de ejecutar. Como consecuencia, uno se zambulle en el cometido con verdadera facilidad. 

Hay un secreto adicional contra la procrastinación. Dando una mirada a la lista de tareas hay una secuencia tácita. Unas son sencillas y hasta placenteras. Otras todo lo contrario. El truco está en hacer la tarea menos atractiva a primera hora. O mejor dicho, que sea la primera tarea en realizar. Sencillo no es. Se necesita una buena dosis de fuerza de voluntad para seguir esta argucia. La tentación de abrir la laptop y mirar el correo es tenaz. Sin embargo, vale la pena intentar por unos días a la semana y ver qué resultado da. Y el efecto que ha tenido en mí es mayor motivación para las siguientes tareas, una vez que la más desagradable fue completada.

Con la práctica de GTD se puede combatir esta peligrosa costumbre. Como comenté, no se llega a ser una persona libre al ciento por ciento de la procrastinación. Podemos controlarla en varios escenarios. No en todos. Si se persiste en usar estrategias para cumplir la lista de tareas, pasarán meses hasta dominar estas técnicas. En mi caso personal, me llevó dos años construir una lista a mi medida. Y aun así no es una lista perfecta que se cumpla siempre. No queda más remedio que persistir con las herramientas disponibles.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario