La lista.

La herramienta EverNote es bastante útil. Escribes notas y están disponibles tanto en el celular como en la computadora. Quizá su ícono con figura de elefante es porque así representa una forma de expandir la memoria. Es un provechoso instrumento para fomentar la costumbre de anotar todo lo que surge en la mente. Es un antídoto contra el olvido. Cierto día, en una nueva nota, completé una lista sin prestar mucha atención. El título era: Las cosas que me hacen feliz. Debajo, iniciando con asteriscos, estaban ordenadas entre seis y siete ideas. Luego de varios días (un par de meses) volví por casualidad a esa nota. Releyendo cada ítem reconocí que contenía casi todo lo que me traía cierta felicidad. Era la visión. Restaba elaborar el camino a esos objetivos.

Mirando de cerca, la lista estaba incompleta. Se podía agregar otras ideas. Pero con lo que estaba listado bastaba para crear una estrategia y cumplir esos objetivos. El plan diseñado era simple: dedicar al menos treinta minutos por día a realizar la tarea listada. Lo curioso del resultado del plan es que hubo días donde aquel tiempo no fue ni siquiera iniciado. Noté que en ciertos casos pasaron semanas sin hacer una acción relacionada con los tópicos de la lista. Así que modifiqué la estrategia. En lugar de intentar treinta minutos cada día, decidí hacerlos por días alternados. Un martes y jueves una tarea. Un miércoles y viernes otra. El lunes estaba reservado para casos especiales. En los fines de semana no obtuve buenos resultados. Eran días complejos de administrar.

Con el paso de las semanas llegaron los resultados. Completar las acciones que estaban en la lista fue cada vez más sencillo. Cuando las realizo pasando un día, es más fácil llegar a hacerlo todos los días. El hábito se extiende como agua en cubeta de hielos. Como animales de costumbres que somos, cada tarea llegó a ser hecha en un determinado horario. Si no se cumplía en la hora habitual era más complicado igualarse en otra hora del día. Costaba trabajo hasta decidir el momento. En consecuencia, resultó fácil entender que la satisfacción es un instante breve que se origina de una serie de pequeñas acciones constantes. Pero tenía su precio. Cada progreso de treinta minutos de ejecución, dejando pasar un día, era un paso pesaroso. Pequeños sacrificios. En conjunto generaban solo segundos de realización que se cosechaban en una semana o más. 

Algo interesante de los hábitos creados a cuentagotas es su duración. Inclusive reaparecen luego de no hacerlos por algún tiempo. En la vida hay pausas como el reposo luego de una cirugía o una enfermedad. Estamos obligados a parar. En esos días nos miramos desde fuera de nosotros mismos. A veces con admiración cuando notamos todo lo bien que hacíamos nuestra rutina. Otras veces con indiferencia, porque en la enfermedad o en el reposo posquirúrgico solo se piensa en mejorar la salud. Que las horas corran deprisa. Inclusive hasta un viaje hace que la rutina planeada se altere demasiado. Es complicado mantener los hábitos estando lejos de casa. O mudan o se acoplan poco a poco. En sí, toda pausa trae el beneficio de poder observar desde otra perspectiva la costumbre que nos controla.

La lista de EverNote ha venido creciendo. Cada ítem tiene su lista propia. Ese evento que nos hace sentir realizados es una suma de pequeños eventos. Cada micro objetivo es parte de una secuencia. Un paso pequeño que de ser cumplido de forma constante aumenta la probabilidad de obtener esa satisfacción que llamamos felicidad. Es claro que no siempre habrá el tiempo ni el espacio para realizar la tarea. Menos mal que la fuerza de atracción del hábito supera esas vicisitudes. 

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