La ley que no lees.

En el año 2009 llegó a mis manos un pequeño libro. En él se encontraba un conjunto de leyes que formaban la Constitución del Estado. Sin mucho ánimo leí un poco de su contenido. Me sorprendí al encontrar reglas tan justas y coherentes. Sin lugar a dudas la Asamblea hizo un gran trabajo. Supuse que el tamaño del libro debió ser para ahorrar costos. Con el pasar de los años concluí que representaba lo pequeño que es la ley frente a la realidad. Y como pasó con la Constitución, que la violan desde el alto gobierno hasta el anarquista farandulero, el mismo destino tienen los otros reglamentos escritos. Es cultural desconocer las normas.

Alguien dijo que la universidad es el reflejo de la sociedad. Razón no le faltaba. Si en la calle ves que algo está mal y no pasa nada, en la Academia es la misma realidad. Solo que a un nivel más reducido y descarado. En la universidad también hay normas establecidas. Muchas de ellas hechas por personas ajenas al ámbito académico. Es decir, por personal administrativo que quizá jamás sostuvo un pedazo de tiza en la mano. Por eso asoman reglas absurdas que ni ellos mismo podrían cumplir. Sin embargo, es la norma a obedecer en el aula y en la tarea investigativa. Pero el problema va más allá. A pesar de tener una ley que nos rige, son poquísimos los que la conocen. La mayoría apenas sabe de alguna cosa que está escrita en algún lado. Por eso frases como “según el reglamento, por ley hay que...” son comunes como argumento de alguna discusión.

El desconocimiento de la ley no te exime de culpa. Esa frase tantas veces dicha está incompleta. Bien valdría añadir un corolario: tienes la culpa si no te preocupas de conocer tu ley. Por eso muchos hacen comentarios como “me dijo que según el reglamento...”, en lugar de bajar el pdf de ese reglamento y leerlo. Claro está que a veces es necesaria una asesoría jurídica para determinados artículos. La ley fue escrita por personas llenas de buena voluntad pero no exentas de cometer errores y ambigüedades. Por eso no está de más una consulta para escapar de la duda y la malinterpretación. Así escucharemos menos opiniones bien intencionadas pero desatinadas. Si la ley está en la web, no hay mayor flaqueza que evitar el atento estudio del reglamento. De hecho, si hay una falta peor: aprovecharse de la norma para juzgar a unos y exculpar a otros. Mientras los que están arriba usen la ley para manejarla a su antojo e interpretarla a su modo, cualquier norma sale sobrando.

Quizá por ese descuido que tenemos con las reglas, leyes y estatutos dejamos que cualquiera pueda ser asambleísta o legislador. Total, poco me vale entender la norma que yo no participé en redactar. En la Asamblea tenemos legislando a payasos, animadoras, tecnocumbieras, dizque periodistas y otros impresentables. Así salen a imprenta leyes bobas destinadas a ser instrumento de abusos y oportunistas. Es la historia de todos los días. Mientras la norma a obedecer y someternos no venga escrita con la letra de los que la vivirán, el resultado será el mismo: leyes ignoradas, incumplidas e interpretadas a conveniencia. Mientras escribo este texto tengo impreso a mi lado el reglamento académico. ¿Me sirve de algo leerlo y tratar de entender lo que dice? Sospecho que quizá poco.

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