Soñando vivir soñando: o de cómo dormir 8 horas educa tu memoria.

Mi memoria de los años de colegio es borrosa y escasa. No entiendo porqué, pero me cuesta recordar con detalle muchos hábitos de aquellos años. Lo que sí tengo claro son los años de universidad. Quizá sea porque es donde uno empieza a ser más responsable por las cuestiones de la vida. En fin. Tengo clara como fue mi rutina de esos años: ir a clase a las 7:30 y regresar a casa a las 21:30. Cenar hasta las 22:00 mientras veía noticias en la TV. Luego a la cama o en ciertos días (muchos a ser verdad) iba directo a sentarme frente a la mesa de mi habitación a continuar con la revisión de ejercicios y apuntes. A veces (muchas a ser verdad) llegaba hasta la medianoche. Y de ahí despertar a las 6:00, para iniciar todo de nuevo.

Así fue de lunes a viernes. Los fines de semana no tengo idea cómo eran, lo he olvidado. Pero es fácil sumar y ver que había un promedio de 6 horas por día de sueño, o quizá un poco menos. En realidad no importaba el tiempo que iba a dormir, igual al siguiente día siempre despertaba poco descansado y con la casi inexorable intención de querer dormir más. Este promedio de tiempo continuó varios años después de graduarme, inclusive en los años de posgrado. No obstante, fueron en esos años donde por primera vez alguien me dijo cuán importante era para el rendimiento académico el buen dormir.

En la Unicamp hay seminarios de difusión de resultados que realizan varias facultades. Son espacios donde profesores de ciertas áreas dan conferencias en términos que la mayoría de los mortales podríamos entender. Durante la conferencia, una de las ideas comentadas más difíciles de comprender era aquella de que se debía dormir en promedio 8 horas por día para mejorar tu rendimiento académico, tu salud, tu humor, etc. Yo me preguntaba si eso era posible dadas las tareas que uno tiene como estudiante de posgrado. Parecía una exageración todo ese tiempo. Esa fue la primera vez que alguien me comentaba la importancia de dormir. 

No sería sino hasta llegar a conocer a una de las personas más extraordinarias que he visto y leído en mi vida cuando di verdadera atención a mis hábitos de sueño. Les hablo del Prof. Pierluigi Piazzi. Este señor, o mejor dicho, este enorme señor, tenía un inigualable talento para comunicar sus ideas sobre la educación, es especial en esa parte tan poco nombrada e ignorada del arte de aprender a aprender. El prof. Pier deja bien claro que es a través de las horas de sueño donde nuestro cerebro almacena en la memoria de largo plazo (cortex) todo el conocimiento que intentamos adquirir durante el día, el cual fue almacenado de forma temporal en nuestra memoria de trabajo (sistema límbico). Es decir que si estudias y no duermes es lo mismo que no haber estudiado. Simple, real y directo.

Ya tenía la razón de porqué debía dormir 8 horas al día en promedio para que todo aquello que con tiempo y no poco esfuerzo traté de entender y aprender durante el día vaya directo a la memoria de largo plazo. La pregunta que surgía era: cómo hago para dormir el tiempo recomendado. La respuesta era sonaba simple: ir a la cama más temprano. Lo primero que se intenta es hacer eso. Pero el cuerpo no se duerme. Te das una y otra vuelta y terminas por dormir menos. El resultado es poco alentador, pero la experiencia dicta buscar otra estrategia. La forma de llegar a las 8 horas fue simple, pero tomó su tiempo. Primero, tener conciencia de la hora en la que se está acostumbrado a ir a la cama. Ese es el punto de partida. Luego, ir cada semana unos minutos antes. Yo fui de 5 a 10 minutos antes a la cama, por semana, hasta que con el tiempo pude dormir cada vez más tiempo hasta estar próximo a las 8 horas.

Pasaron los días, las semanas y llegaron los resultados. Todo era más fácil de recordar. Me sentía más inteligente, si uso esa definición de Borges de que la inteligencia no es nada más que buena memoria. Ahora mis horas de sueño son sagradas, tanto que apago el wi-fi y desconecto la antena de TV. El cuarto es lo más oscuro posible y pase lo que pase voy a la cama a las 21:00. A partir de esa hora no existo.

No obstante, había días en los que era difícil conciliar el sueño. Investigué un poco y supe que hay cosas por evitar antes de ir a la cama, como por ejemplo beber, comer pesado, ver TV o estar en frente de una pantalla de PC o smartphone. Estas dos últimas son casi inevitables, ya que el teléfono ha sido diseñado para captar al máximo nuestra atención. De este tema, de la desintoxicación digital hablaremos otro día. Por lo pronto mira tu reloj de pared y si es de noche ve más temprano a dormir.

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