Kindle como el nuevo Mefistófeles: la lectura en papel frente a la lectura en pantalla.

Padezco de hiperhidrosis. Tal vez no se ha escuchado mucho de esta enfermedad, pero quizá en alguna ocasión saludaste a alguien que la tenía y lo notaste. Esta enfermedad hace que las manos suden todo el tiempo, indiferente de si te sientes tranquilo o nervioso. Las consecuencias son bastante incómodas. No me gusta saludar dando la mano y si lo hago tengo antes que presionar mi palma contra la tela de mi pantalón y secarla lo más que pueda. Odio hacer eso.  Todo lo que toco queda mojado, sea un lápiz, un mouse un una mesa. Eso me obligaba a usar guantes de lana o tener que lavarme las manos seguido. Pero nada de eso servía a mediano plazo. Es algo con lo que tengo que vivir por lo menos hasta el día que tenga la oportunidad de hacerme la cirugía que remedia la enfermedad. Quizá sea cuestión de tiempo.

El mayor problema era cuando sostenía un libro en mis manos. Como están hechos de papel fino, las hojas terminaban mojadas y luego asomaban unas inevitables manchas. Era mi marca personal, que está presente en cada libro que leí y en los que estoy leyendo. Los guantes de lana en algo arreglaban el problema, pero no por mucho tiempo. Me vi forzado en determinados casos a poner una hoja de papel entre la hoja del libro y mi mano para sujetar el texto. Esto permitía que la hoja del libro no quede húmeda. No obstante, era incómodo manejar el libro de esa manera. No importaba el tipo de papel, todos terminaban con las hojas húmedas y manchadas. Hasta que pasó el tiempo y llegaron las tablets.

La primera tablet que tuve y aún tengo venía con una aplicación para libros de formato epub. Permitía cambiar el tipo y tamaño de la letra, color de fondo, espacio entre líneas y márgenes. Pasar de una página a otra se hacía con apenas un deslizamiento de la pantalla. Se podía tener en cuestión de minutos cualquier libro y almacenar cientos de ellos en la memoria del dispositivo. Como la tablet era liviana, la podías llevar en una mano y leer en cualquier lugar con mucha comodidad. Hasta en la cama era agradable de leer porque no te preocupabas de la luz. El único problema era los diminutos bichos voladores que como imán a virutas hierro atraía la luz de la pantalla. Pero para eso había solución. Como la usaba solo para la lectura de libros, apenas conocía sus demás aplicaciones. De alguna forma resultaba como si fuera un libro caro. Pero la comodidad y la casi infinita variedad de libros que podía descargar compensaban con creces el precio. Todo parecía indicar que se trataba de un dispositivo llegado del Olimpo.

Lo maravilloso de la Ciencia es que siempre se detiene a estudiar lo cotidiano. Un celular era parte del día a día de ya mucha gente, tanto así como las tablets. Luego de observar su uso a lo largo del tiempo, los investigadores afirmaron de forma muy clara que la luz azul de estos adictivos dispositivos perturbaba nuestro poco valorado tiempo de sueño. Para mí, como ya he contado en otro relato, las horas de sueño son indispensables para la memorización de lo que se trató de aprender durante el día. Nada vale leer, estudiar, autoevaluarse o entrenarse físicamente con ejercicio si no dedicamos en promedio 7 u 8 horas diarias a dormir. Así que no era buen negocio llevarse el dispositivo a la cama para leer. Y vaya que leí bastante en mi tablet antes de dormir. Dado que esa afirmación advertía y prevenía sobre la consecuencia del uso del dispositivo, era momento de experimentar y ver qué pasaba por un tiempo si dejaba de leer en la pantalla antes de ir a la cama. Como resultado, llegué a la conclusión que me despertaba con mayor sensación de descanso si no usaba el dispositivo antes de dormir. La ciencia tenía una vez más razón.

Me alejé de la tablet y de mis infinitos libros epub por un tiempo prolongado. Volví con vehemencia al libro de papel. Otra vez mis manos eran un problema y la poca iluminación cerca de la cama por las noches hacía incómodo leerlos. Terminé por abandonar la lectura antes de dormir. Un día, navegando por olx, di con un el kindle de Amazon a un buen precio. De lo que poco que conocía la kindle tenía la idea de que era una tablet más del mercado, pero con unos pocos minutos de navegación por la web llegué a entender mejor su tecnología. Se trataba de tinta electrónica y la pantalla no emite luz, sino que la refleja. Es decir, era lo más cercano al papel y quedabas en libertad de no ser afectado por esa luz azul perturba sueño. La compré de inmediato. Cuando la tuve en mis manos fue amor a primera vista.

Ahora el formato de los libros ya no era más epub, sino mobi. En muchas páginas de Internet podía tener acceso a todos los clásicos de la Literatura. Inclusive en la web de Amazon había acceso a descargar libros gratis. Y los libros que llegaban a ser bestseller estaban a un precio promedio de $10. Con una tarjeta de crédito y unos cuantos clics tenías el texto en la kindle en poquísimo minutos. Había recuperado mi agradable lectura digital. Sin embargo, no todo era beneficio. A pesar de que las nuevas tecnologías nos muestran sólo su lado positivo, hay que estar alerta a lo que nos piden a cambio de sus atractivos beneficios. La kindle era genial para leer, para llevar cientos de libros, para tener en segundos el libro de moda y para leer en la noche antes de dormir. Sin embargo, yendo un poco más allá en la investigación de las consecuencias del uso de estos dispositivos, encontré varios artículos sobre el precio oculto de todos estos beneficios.

Varios experimentos habían demostrado que la lectura en una pantalla frente a la lectura en papel no da el mismo nivel de retención. Es decir, si lees la misma información en una kindle frente a hacerlo en papel, a largo plazo será más difícil recordar lo leído. Y a corto plazo también había un resultado semejante. Tenía la advertencia, así que era tiempo de hacer algo frente a eso. La decisión tomada fue que todo lo que se relacione con temas de mi trabajo (es decir lo académico) sería una lectura casi obligatoria en papel, nada de pantallas. En lo que respecta a la lectura de novelas, cuentos, poemas o divulgación científica me iba a dar el lujo de hacerlo en la kindle. He venido con esta forma de usar un recurso de lectura ya por cuatro años y todo parece ir bien. Había encontrado el equilibrio entre el beneficio y el tácito costo de la lectura digital.

A manera de corolario me resta escribir algunos comentarios sobre la desenfrenada adopción de algunas universidades en el uso de tablets para entregar libros digitales a los estudiantes. Los resultados de leer en estos dispositivos son de dominio público, pero pocas personas les prestan atención. Cegados por los obvios beneficios de la facilidad de entregar los textos de forma digital y el ahorro económico de evitar comprar un libro de papel, sacrifican el beneficio de la retención que da para un estudiante leer en papel. Y en particular, en libros de ingeniería, cuando en ellos siempre se hace referencia a ecuaciones y gráficas precedentes no hay nada como tener el texto en las manos y navegar con facilidad hasta la figura referenciada. Al entregarle una tablet con textos digitales no solo le están dando un recurso educativo, sino también un recurso multimedia con un universo de distracciones. El libro de papel nunca iba a desviar tu atención con un beep o una notificación de mensaje instantáneo. El costo de las distracciones es elevado si de estudiar se trata. Pero tal se ve que los que dirigen la academia lo ignoran por completo.

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