El profesor a palos: satisfechos y admirados del gran conocimiento del prof.

El profesor Pier lo expresó de esta manera: “La educación viene de casa, educador es padre y madre. El profesor es un instructor”. Cualquiera dirá que no es tan cierto o es por completo falso, que educación también la da un profesor en un colegio o universidad. No obstante, yo estoy por completo de acuerdo. Pero es una afirmación que cabe en un mundo idealizado, debido a que muchos padres delegan responsabilidades de formación a los profesores. Es decir, nuestra realidad es la de un profesor que instruye y a la vez educa y forma la persona del estudiante. Y en este sentido vale preguntarse cuáles deberían ser las cualidades de ese profesor para que sea un buen instructor y esa formación sea un complemento a la educación dada en el hogar.

Empecemos por las cualidades mínimas que debería tener un docente. Supongamos que tomamos al azar un profesor de nuestro sistema educativo. El sujeto en estudio estará bajo algunas observaciones. Se anotará su hora de llegada, de salida, su forma de preguntar, de responder, su manera de vestir y su dominio de la clase. Le pediremos su edad, estado civil y salario. De cierta forma podemos imaginar posibles respuestas a estos datos que observamos. Eso significa que tenemos una idea del profesor promedio. Algunas respuestas que no nos sorprenderán será sobre su puntualidad. Casi no lo somos. Verán también que su salario es bajo en relación a otros empleos y que no nos interesará mucho su estado civil o edad. Lo que sí de verdad miraremos de cerca es su conocimiento de la clase y sobre todo su forma de enseñar. Esa es la cualidad principal. 

Como interludio, quiero comentar un detalle interesante entre Ecuador y Brasil. En mi país los profesores son muy formales en su manera de vestir. Camisa manga larga, pantalón de tela, a veces corbata y zapatos formales. Cabello cortado sin estilos de moda y maletín o mochila en mano. Lentes gruesos que dan cierto aire de intelectualidad (falsa en la mayoría de los casos). En Brasil, al menos en la universidad donde estudié el posgrado, no era esa la regla. Había mucha libertad en la forma de vestir. Si era un profesor más o menos joven era común verlo de camiseta y zapatos deportivos. Lo que realmente importaba no era tanto como te veías, sino lo que salía de tu boca, lo que se escribía en la pizarra. Romper el esquema es otra forma de educar.

Asimismo, parte adicional de la respuesta está relacionada con la formación del profesor. Antes de la actual ley de educación daba lo mismo que un recién graduado o alguien con posgrado esté frente a la clase. El resultado de eso fue que muchos profesores no intentaron hacer una especialización porque daba igual. Es claro también que luego de la ley hubo un gran contingente que buscó una mejor formación, aunque a veces no resultara ser la más adecuada cuando el fin era el diploma y no la formación. Así poco o nada las cosas en la academia iban a cambiar. Parte de esa formación en maestría y doctorados era la imitación de modelos pedagógicos. En otras palabras, adquirir las estrategias de enseñanza de otros profesores ayudaría mucho a facilitar el aprendizaje de los estudiantes. Y cuando esa formación o especialización del profesor era en el extranjero, había doble ganancia: por una lado la información asimilada y por otro el conocimiento de una nueva cultura. Y de un nuevo idioma, con suerte.

Es un valor agregado que un docente haya tenido una experiencia de formación en otro país. Los estudiantes se ven beneficiados en un punto clave de su futura educación, debido  a que ese docente tendrá contactos valiosos para que el alumno que busque cursar un posgrado tenga una mejor orientación. Además, el haber estado fuera en otra universidad le da una nueva perspectiva de cómo debería ser manejada una academia. Quizá y posiblemente muchos buenos hábitos y normas de la universidad que conoció sirvan para intentar implementarlos en su universidad natal. Claro que esto no es simple así, porque al regresar tendrá que lidiar con el sistema, que por lo general tiende a permanecer sin cambio o huir de ese cambio. Será una versión moderna del mito de la caverna.

Fundamental es también que un profesor sepa formar en el arte de escribir. La mejor forma de lograr esto es cuando el profesor es un lector, no solo de libros técnicos, sino también de Literatura y libros de divulgación científica. Mientras más lea, mejores herramientas tendrá para elaborar una oración, un párrafo, un ensayo, plasmando un conjunto de ideas sobre un papel. Leer buenos libros alimenta el instinto de la detección de malos escritos con falta de coherencia, cohesión, errores gramaticales y secuencia. Le faculta mejor a corregirlos. Ese profesor que lee también será una fuente de recomendación de textos claves para la educación del estudiante. Pero si no lee, poco o nada podrá hacer para enseñar a escribir.

Otra característica fundamental es reconocer y evitar el asumicidio. Este término define lo que se asume de forma errada al inicio de un curso. En general, son tres cosas que se asumen de antemano en una clase: se asume que el estudiante sabe estudiar, se asume que sabe resolver problemas y se asume que tiene los conocimientos previos necesarios para cursar la materia. Esta idea la tomo prestada del Dr. Roberto Rosler. Todo buen docente debe tener una forma de orientar al estudiante en la forma de aprender a aprender. En otras palabras, tiene que estar al día en las técnicas de estudio que funcionan y en las que no vale la pena invertir el tiempo. Asimismo, compilar un conjunto de ejercicios o resúmenes del conocimiento previo, para que el estudiante haga memoria o bien se ponga al día en temas clave para el curso actual y que quizá no aprendió en cursos anteriores. 

Se podría pensar en otras cualidades del docente. Hay quienes adoran al profesor 2.0, que a manera de geek, usa todo nuevo recurso web o app de smartphone para transmitir el conocimiento. Son herramientas atractivas, pero llenas de distracciones muchas de ellas. Vale nombrar unas importantes, como Bitbucket y Overleaf. Pero en general, una buena formación del profesor, unos conocimientos profundos de la materia y apertura a reconocer el asumicidio son los ingredientes principales de una buena enseñanza. Poco vale una gadget sin estas cualidades.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario