De los Simpson pasando por Fernando Vallejo hasta Richard Dawkins, o de cómo se puede perder la fe antes de perder la vida. Parte 2. (Arreglos musicales de Mago de Oz.)

El heavy metal lo dice todo claro. Si quieres una canción irreverente, anárquica o brutalmente sincera está hecha a base de guitarras metaleras. Su variedad está llena de matices, desde soft rock hasta el death metal más gutural. Por España apareció un grupo que metía una melodía de violín que rompía el esquema. Mago de Oz era ese grupo que lo conocías al tercer o cuarto disco y cuando escuchabas una canción querías la colección completa. La voz de José combinada con letras explosivas (por lo sinceras) daban una fuerza sin igual a la melodía. Y vaya letras. Mil por ciento contra la iglesia y sus dogmas. Es así que su disco Jesús de Chamberí me removió por completo el miedo que tenía de ofender a Dios. Ya no me importaba. Si ellos estaban así de disconformes, yo estaba más.

Vino luego Fiesta pagana, una canción emblemática que sintetizaba todo lo que había cambiado en mí. La iglesia era una institución de lucro sin fin marcada por una historia llena de crímenes contra la humanidad. E impune de eso, sobre todo. Misógina, homofóbica y enemiga de la ciencia y promotora del no uso de anticonceptivos. Todo esto se complementó varios años después con el libro La Puta de Babilonia de Fernando Vallejo. Vaya libro. No deja ni un round de respiro en la descripción de la historia de la Iglesia. Tremendo escritor Vallejo. A partir de ahí ya no hubo punto de regreso, ya un avión tenía más reversa.

Luego surgió un problema. Conocer a detalle la historia de la iglesia tiene el riesgo de volverte como ellos. Es decir, intolerante. De alguna forma, me sentía un enemigo no declarado contra todo lo que tenga que ver con el catolicismo. No sentía el más mínimo respeto por sus símbolos, por sus tradiciones y dogmas. En el fondo sabía que estaba mal, nada ganaba con pensar cosas con odio. Fue ahí cuando llegó a mis manos (otra vez) El jardín de las dudas de Fernando Savater. Este libro, que es una biografía de Voltaire, me dejó claro que el mejor negocio contra una religión es la tolerancia. Es decir, la actitud que ellos poco aceptan. Llegó de la misma forma el texto El espejismo de Dios, de Richard Dawkins. Aquí encontré todo el fundamento científico que complementó mi visión sobre Dios y su iglesia. Se había formado ya la raíz de la actitud que mantengo hasta el día de hoy.

A mis 32 años mi religión es la indiferencia por las religiones. Me dan igual todas y así es sencillo tolerar cada una de ellas. No rezo, no voy a misa los domingos y celebro la navidad como un día de reunión familiar, mas nada más. Claro que hay veces que debo ir a misa, en matrimonios de amigos o en bautizos de familiares. O quizá luego en algún funeral. En esas misas que asisto por compromiso me paro, me siento, elevo mis manos, pero me quedo callado. Rezar no es una opción negociable hoy en día. El lado oscuro de todo esto es cuando vienen los problemas de la vida, la preocupación de una mente en el futuro. En esos momentos pienso en los días que estando en esas situaciones una oración servía para sentir alivio, ganar esperanza. Y cuando el problema se solucionaba dar gracias al cielo por el favor misericordioso recibido. Ahora siento que todo el problema está sobre mis hombros y extraño esa última esperanza que era la religión. Los problemas son todo míos. Las sobras y los fantasmas duermen conmigo y cenan en mi mesa. Son mis demonios de la guarda. Pero los acepto. Elijo eso a ponerme de rodillas con las manos juntas pidiéndole a Dios que me ayude sobre algo que él bien podría haberme ahorrado. Cuando alguien le pide a Dios que lo sane, me pregunto porqué no le dice también porqué le mandó esa enfermedad. Claro, son todas suposiciones, ya que mi corazón va 16 años sin reconocer un Dios como padre, sino a la evolución como mi formadora.

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