Cómo mejorar tu rendimiento académico en dosis de 25 minutos

Hoy muchos hablan de la técnica Pomodoro. Pero nadie te cuenta cómo llegar a ser un experto en ella. Veamos cómo.




Fue revelador el día cuando entendí que podía darle dirección y efecto al balón de fútbol dependiendo de la parte del zapato con la que pateaba.

La conclusión era simple: como apliques el esfuerzo, más que la intensidad del mismo, es lo que determina el resultado. O al menos aumenta la probabilidad de que ese resultado sea el que buscas.

Es obvio que este simple principio es utilísimo en muchos aspectos de la vida. Pero, paradójicamente, omití aplicarlo en lo que ha sido lo más importante para mí durante todo este tiempo: el cómo estudiar bien.

Anduve largos años estudiando sin mucha estrategia, pero estudiando. Tuve mis métodos, varios de ellos empíricos. Por ejemplo, si tenía cuatro materias por semestre, pasaba una hora cada día leyendo el libro de esa materia. Y eso todos los días.

Este hábito me dio buenos resultados, pues obtuve buenas notas y rara vez pasé más allá de medianoche estudiando antes de un examen.

Otra de las estrategias que usé fue colocar cada trabajo de cada materia en carpetas separadas. Esto me ahorró tiempo y tenía todo a la mano cada vez que lo necesitaba.

Pero no fue sino hasta que llegué al posgrado cuando de verdad sentí la necesidad de entender cómo estudiar mejor. Y esta exigencia surgió por tener como compañeros de maestría a estudiantes muy listos y dedicados.

Como no me creía listo, pero sí dedicado, necesitaba adquirir mejores estrategias o métodos para mejorar mi aprendizaje.

Y, como todo postulante a investigador, lo primero que hice fue ir a Google y pedirle respuestas. No tardaron en llegar.

En general, lo primero que te da el navegador son links a páginas web donde te dicen que tienes que estudiar duro, poner todo de ti, dar lo mejor, etc.

Cada consejo tiene algo cierto. Es lo que hay que hacer, pero no te dice mucho sobre cómo hacerlo.

Fue necesaria una búsqueda un poco más avanzada (o paciente) para llegar por fin a estrategias eficaces.

De entre todas esas estrategias surgió la famosa técnica Pomodoro (que en italiano significa Tomate), que surgió por la necesidad prestar verdadera atención evitando distracciones.

Descubrir la técnica Pomodoro fue como encontrar con mi mano el interruptor de luz en una habitación a oscuras. De inmediato, tan deprisa como un clic, iluminó el panorama.

Y es una técnica facilísima: te enfocas 25 minutos con toda tu atención en la tarea que traes entre manos y luego descansas por 5 minutos. Así por 4 períodos donde luego haces una pausa más larga de 15 minutos.

Cada descanso es necesario para recargar baterías y dejar que tu mente, al salir del foco, relacione lo que estás intentando aprender con lo que ya sabes. Y para enfocarse hay que desconectar toda distracción.

Pero, como nada en la vida es gratis, iniciar fue más complicado de lo que pensaba.

Apenas empezar el primer pomodoro, a los pocos minutos, sientes la pujante necesidad de apretar el botón de activación del smartphone y ver si por si acaso alguien te ha enviado un mensaje o si un correo está ahí esperando a que lo leas.

Factor clave para usar bien la técnica Pomodoro: aleja tu teléfono inteligente o apaga el wi-fi.

Por aquel entonces, hablo del 2012, no tenía un teléfono tan sofisticado como el que tengo ahora. En ese antiguo nokia, si estaba en la aplicación de Pomodoro, no podía para nada salir a revisar cualquier whatapps o correo.

Si salía, el contador se reiniciaba y perdía el conteo, lo que me hacía sentir mal pero sobre todo auto traicionado.

Pero gracias a eso pude, con el pasar de las semanas, ignorar cualquier beep de aviso de mensaje. Fácil no fue, pero el ángel de la guarda de la fuerza de voluntad aparecía seguido en aquellas épocas.

Ahora, con este nuevo samsung, la cosa mejoró cuando noté que bastaba con desactivar el wi-fi y problema solucionado. No más sonidos ni vibraciones de notificaciones.

Con eso me ahorraba la resistencia a revisar el celular. Sin embargo, cuando apagaba el wi-fi me llenaba de algo parecido a la angustia.

Usé la técnica pomodoro con fe casi religiosa. Dibujé en las hojas de una pequeña libreta casillas cuadradas donde tachaba un recuadro por cada Pomodoro completado.



Eso me permitía llevar un registro visual del trabajo realizado con pleno enfoque.

Llegué así, minuto a minuto, a dedicar toda mi atención a la tarea que traía entre manos en ese entonces: la investigación de la tesis de maestría.

Con el tiempo me volví un experto. Apenas llegar encendía la aplicación y la cerraba a la hora de almorzar. En la tarde era igual.

Ahora, cuando miro esa libreta, siento nostalgia pero a la vez orgullo de haber superado, gracias a esta sencilla aplicación o técnica, el impulso a estar siempre pendiente de las notificaciones tanto del celular como del navegador de internet.

Una de las experiencias con esta herramienta fue notar que cuando la tarea se realiza frente al PC el tiempo pasa más rápido.

Mejor dicho, la percepción del paso del tiempo es diferente a cuando se está en una tarea frente a un libro de papel o unos apuntes.

Frente al papel a veces el lapso de 25 minutos parecía casi eterno. Me pregunté por qué y la respuesta fue que en el PC puedes caer en distracciones sin darte cuenta.

Por ejemplo, entre teclear y dar clics puedes sintonizar tu canal musical de YouTube o tu lista favorita de Spotify. O navegar sin darte cuenta por varias webs. Como que te auto perdonas esas distracciones.

Al notar eso, desconecté el cable de Internet y el problema se solucionó parcialmente. Sin embargo, esa desconexión vino de la mano con un sentimiento de soledad digital, que es un eufemismo del síndrome de abstinencia.

No obstante, he venido usando Pomodoro por ya cinco años. Me siento satisfecho con los resultados y afortunado de haber dado con esta sencilla y potente técnica.

Si vas a la tienda de Google para Android te vas a encontrar con un sinfín de aplicaciones para Pomodoro.

Trata de probar las que más te llamen la atención hasta que te quedes con una. Busca también el libro Francesco Cirillo, el creador de esta técnica. Su lectura te revelará mejores detalles de esta herramienta.

Cuando estés ya involucrado con esta técnica, notarás que aparte de la distracciones externas te encontrarás con distracciones internas. Se presentan en forma de recuerdos o predicciones de eventos futuros.

Una de estas distracciones más apremiantes son los recuerdos de algo que tienes que hacer o debiste haber hecho.

La mejor forma de lidiar con estos pensamientos que distraen es usar una libreta con un lápiz y anotar esa idea o cosa que tienes pendiente por hacer.

Lo mejor es anotar usando un verbo, es decir, si tienes por ejemplo que llenar un formulario e imprimirlo, anota eso: llenar formulario e imprimir.

Usa verbos en infinitivo y una vez anotada la tarea tu mente se libera para que puedas continuar con el mayor enfoque en lo que estás realizando en tu periodo de 25 minutos.

Cuándo harás los pendientes que anotaste, pues será luego.

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