Pomodoro y yo: la felicidad a 25 minutos por hora.


Creo que el fin de cualquier programa educativo es ampliar las oportunidades de que la persona obtenga o cree un lugar de trabajo para ganarse la vida. Claro, al final casi todos al graduarse terminan de alguna manera en algún empleo o emprendiendo algo. Pero ese paso desde las aulas hasta la empresa donde trabajará ese estudiante debe ser una de las mayores preocupaciones de toda empresa educativa. Si te gradúas y no tienes idea de cómo es el mercado laboral de tu carrera, si no estás seguro de cuánto quieres ganar y si además de eso ninguno de tus profesores o tutores hicieron el intento de guiarte a responder esas inquietudes, es que estás algunos pasos rezagado en el sendero de la estabilidad que solo un empleo puede darte. Y aquí surgen varias preguntas.

Una de las preguntas más pertinentes es qué es lo que busca la empresa de un recién graduado. Antes de nada, hay que tener en cuenta que el rendimiento académico no te lo pedirán, sino que estarán interesados en si tienes alguna experiencia en el campo. Puedes ser el mejor egresado, el que haya ganado algún concurso universitario o algo por el estilo, pero si tu competidor tiene uno o varios certificados de pasantías ten por seguro que se llevará el premio. Mas esto no significa que tus buenas notas no sirvan al final de cuentas. Te servirán, y mucho, si decides ir por el camino de una maestría. Pero son pocos los que irán por esa alternativa.

Aquí me desvío del camino y pongo el rumbo hacia esta última cuestión: cómo llegar a obtener buenas calificaciones. Véase que este objetivo es ambiguo, ya que bien se sabe que hay buenas notas en casos donde el estudiante no se aplica mucho y esos resultados son al final más o menos falsos. Si me refiero a tener buenos promedios quiero decir que éstos son consecuencias de esfuerzos dirigidos usando las estrategias correctas de aprendizaje. Y además que es algo que cualquiera lo puede conseguir. 

Cuando era niño fue revelador el día que entendí que dependiendo con que parte de zapato pateaba el balón le podía dar una dirección y efecto que podría dejar al rival engañado, quieto o sorprendido. Lo mismo aconteció años después cuando me inicié en el tenis de mesa y apliqué lo mismo del fútbol hasta llegar a dominar ciertos saques. La idea es simple: como apliques el esfuerzo, más que la intensidad del esfuerzo mismo, es lo que determina el resultado. O al menos aumenta la probabilidad de que ese resultado sea el que buscas. Es obvio que este simple principio se aplica en muchos aspecto de la vida, pero olvidé aplicarlo en lo que era lo más importante para mí durante todo este tiempo: el adquirir conocimiento. 

Anduve muchos años estudiando sin mucha estrategia, pero estudiando. Tenía mis métodos, varios de ellos auto formulados. Por ejemplo, si tenía cuatro materias por semestre pasaba una hora cada día leyendo el libro de esa materia. Y eso todos los días. El resultado de este hábito me dio buenos resultados, obtuve las mejores notas. Rara vez pasé más allá de medianoche antes de un examen estudiando. Otra de las cosas que me inventé fue poner cada trabajo de las materias en carpetas separadas. Esto me ayudó a ahorrar tiempo y a tener todo a la mano cada vez que lo necesitaba. Pero al final no tenía más estrategias.

No fue sino hasta que llegué al posgrado cuando de verdad sentí la necesidad de entender cómo se podría estudiar mejor. Y esta necesidad surgió al tener como compañeros de maestría a estudiantes muy listos y dedicados. No me creía listo, pero sí dedicado. Necesitaba adquirir mejores estrategias o métodos para mejorar mi aprendizaje. Como todo postulante a investigador lo primero que hice fue ir a Google y pedirle la respuesta. No tardaron en llegar.

En general, lo primero que te da el navegador son links a páginas web donde te dicen que tienes que estudiar duro, poner todo de ti, dar lo mejor, etc. Cada cosa es cierta, es lo que hay que hacer pero no te dice mucho de cómo hacerlo. Fue necesario una búsqueda un poco más avanzada (o paciente) para llegar por fin a estrategias que me convencían. Pues no basta con que des con una técnica, tienes que creer en ella para que puedas persistir en su uso o aplicación. De entre todas esas estrategias surgió la famosa técnica Pomodoro, descubierta por la misma necesidad que muchos de los que estudiamos padecemos: prestar atención, enfoque pleno evitando distracciones. 

La técnica Pomodoro fue como el encuentro de mi mano con un interruptor en una casa oscura: de inmediato, como un clic, iluminó el panorama por su sencillez. Sí, es sencilla: te enfocas 25 minutos con toda tu atención en la tarea que traes entre manos y haces un descanso de unos 5 minutos. Así por 4 períodos donde luego haces una pausa más larga de 15 minutos. Cada descanso es muy necesario para recargar baterías y dejar que tu mente, al salir de foco, relacione lo que estás intentando aprender con lo que ya sabes. Y por enfocarte me refiero a que te desconectas de toda distracción. Mas, como nada en la vida es gratis, iniciar no fue tan tan fácil como pensaba. De inmediato, a los pocos minutos, sientes la pujante necesidad de apretar el botón de activación del smartphone y ver si por si acaso alguien ha pensado en ti y te ha enviado un mensaje o si un correo está ahí esperando a que actualices la aplicación de e-mail y lo leas. Factor clave para la técnica Pomodoro: aleja tu teléfono inteligente o apaga el wi-fi.

Por aquel entonces, hablo del 2012, no tenía un teléfono tan inteligente como el que tengo ahora. Si estaba en la aplicación de Pomodoro no podía para nada salir a revisar cualquier IM o correo. Si salía, el contador se reiniciaba y perdía el conteo, lo que me hacía sentir mal pero sobre todo auto traicionado. Gracias a eso pude, con el pasar de las semanas, ignorar cualquier beep de aviso de mensaje. Fácil no fue, pero el ángel de la guarda de la fuerza de voluntad aparecía seguido en aquellas épocas. Ahora con este nuevo samsung la cosa mejoró cuando noté que bastaba con desactivar el wi-fi y problema solucionado. No más sonidos ni vibraciones de notificaciones y con eso me ahorraba la resistencia a revisar el celular. Sin embargo, me asombraba que me llenaba de angustia cuando apagaba el wi-fi.

Use la técnica pomodoro con fe casi religiosa. Dibujé en una libreta un conjunto de casillas cuadradas donde tachaba cada recuadro por cada Pomodoro completado. Llegué así a poder dedicar toda mi atención a la tarea que traía entre manos: mi investigación de maestría. Con el tiempo me volví un experto. Apenas llegar encendía la aplicación y la cerraba a la hora de almorzar. En la tarde era igual. Ahora cuando miro esa libreta siento nostalgia pero a la vez un gran orgullo de haber superado, gracias a esta sencilla aplicación o técnica, el impulso a estar siempre pendiente de las notificaciones tanto del celular como del navegador de internet. 

Una de las experiencias con esta herramienta fue notar que cuando la tarea se realiza frente al PC el tiempo pasa más rápido. Mejor dicho, la percepción del paso del tiempo es diferente a cuando se está en una tarea frente a un libro de papel y unos apuntes. Frente al papel, a veces el lapso de 25 minutos parecía casi eterno. Me pregunté porqué y la respuesta fue que en el PC puedes entrar en distracciones sin darte cuenta. Por ejemplo, al teclear o dar clics puedes estar sintonizando tu canal musical de YouTube o tu lista favorita de Spotify. O navegar sin darte cuenta por webs varias. Como que te auto perdonas esas distracciones. Al darme cuenta de esto, desconecté el cable de Internet y el problema se solucionó solo. Sin embargo, esa desconexión vino de la mano con un sentimiento de soledad digital, que es un hijo menor del síndrome de abstinencia.

He venido usando Pomodoro por ya cuatro años. Me siento contento con los resultados y afortunado de haber dado con esta sencilla y potente técnica. Si vas a la tienda de Google para Android te vas a encontrar con un sinfín de aplicaciones para Pomodoro. Trata de probar las que más te llamen la atención hasta que te quedes con una. Busca también el libro del creador de esta técnica. Su lectura te revelará mejores detalles de esta herramienta. 

Cuando estés ya involucrado con esta técnica, notarás que aparte de la distracciones externas te encontrarás con distracciones internas. Se presentan en forma de recuerdos o imaginaciones de eventos futuros. Una de de estas distracciones más apremiantes son los recuerdos de algo que tienes que hacer o debiste haber hecho. La mejor forma de lidiar con estos pensamientos que distraen es usar una libreta, un lápiz y anotar esa idea o cosa que tienes pendiente por hacer. Lo mejor es anotar usando un verbo, es decir, si tienes por ejemplo que llenar un formulario e imprimirlo, anota eso: llenar formulario e imprimir. Usa verbos en infinitivo y una vez anotada la tarea tu mente se libera para que puedas continuar con el mayor enfoque en la tarea que estás realizando en tu periodo de 25 minutos. Cuándo harás los pendientes que anotaste, pues será luego.


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